El caso es que me apetecía escribir. No me encuentro lo suficiente inspirado como para escribir un relato que lleva unos días dándome vueltas por la cabeza, así que me hecho con la compañía del maestro Ludovico Einaudi y me he sentado delante del teclado.
Correr. Eso por lo que mañana tengo que levantarme a esas horas que sólo deberían existir los domingos si has estado despierto en las anteriores. Hay quien dice que correr es de cobardes, si bien otros dicen que "quien corre hoy vive para luchar mañana"*, pero he encontrado nuevos retos escondidos tras los kilómetros que poco a poco van acumulando las piernas. Nuevos retos, nuevas sensaciones, nuevas emociones.
Correr no solo sirve para sudar la camiseta. Aún acabo de dar mis primeros pasos pero no puedo decir que no me guste. La sensación de llegar un poco más lejos, superar esa cuesta interminable echando los pulmones fuera, ver la ciudad iluminada a tus pies de noche sabiendo que son tus propias piernas y tu cabeza las que te han llevado hasta allí. Si, creo que me gusta.
No me engaño. En cuanto pueda volver a escalar correré mucho menos, pero seguiré corriendo. Quien sabe, quizás la media maratón de dentro de un par de semanas me haga plantearme entrenar para correr una maratón, total, una vez superada la mitad ya solo queda restar hasta el final.
Pero primero, mañana. Luego ya se verá.
*Referencia friki del día.
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