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20 de abril de 2009

Bajo un cielo gris

"Quizá sea tarde, pero aún tengo la pistola en el bolsillo-. Deslizó la mano hacía el bolsillo de la gabardina y noto el reconfortante peso del viejo revolver.

La noche caía en Night City y la lluvía había hecho su espectacular aparición sobre los anuncios de neón y los cristales rotos de los viejos edificios. Arriba, un cielo de plata envenenada sudaba los últimos restos de color de un anochecer agonizante. Eckhard dejó que la lluvia le despejara un poco.

-Probablemente esta mierda me mate.- Sonrió. Pero ahora ya no importa. Ella está muerta y yo probablemente no pase de esta noche.

Con paso tambaleante se adentró en el callejón mientras el sombrero le pesaba más y más. Una gaviota chilla. Un crujir. Solo tres disparos resonaron entre los ladrillos, apagados por el rumor de la lluvia. Una explosión de dolor como cientos de supernovas azules, el sabor del cromo pulido. No muy lejos la gaviota echa a volar con un sonoro aleteo.

-Joderos cabrones. - Escupió con una mano en el estomago y en la otra el viejo revolver aún humeante.

Cansado, se sentó junto a los dos cadaveres mientras su sangre se mezclaba con la de ellos. Sacó de la cajetilla el último cigarro y lo encendió. Seguia lloviendo.

-Probablemente esta mierda me mate.- sonrió, pero nunca llego a terminarse ese cigarro que se consumió lentamente en un callejon de Chiba bajo un cielo gris de plata envenenada."

En honor a William Gibson, por regalarnos una pequeña joya y el nacimiento del cyberpunk.

23 de enero de 2009

Hace tiempo...

Hace tiempo comprendí que más vale la pena pensar en uno mismo.

Mientras me recostaba en la silla dejaba que el humo del cigarro jugase y danzase ante mis ojos, perdidos en el infinito. Frente a mi, la ventana temblaba ante las embestidas del viento que, audaz, encontraba el camino para colarse auyante en la habitación. Tras el cristal la lluvia caía impune, mezclando su constante repicar con la melodía variable del viento y creando una lúgubre cacofonía.

Quizás sea un pensamiento egoísta. Si, creo que lo es, pero es tan natural como el respirar, como aquel que se ahoga y aun que sabe que no puede, que su vida está próxima a su fin, intenta respirar bajo el agua en un espasmo incontrolado.

Me estremecí ante la tétrica comparación y un escalofrío me recorrió la espalda. Protegiéndome aún más del frío con una gruesa manta, agarré con ambas manos la taza de café humeante y sentí como su calor se transmitía a mis manos ateridas por el frío.

Es como si le quitase la vida solamente con el contacto. Su vida o la mía. Puede que solo sea una taza de café entre mis manos temblorosas, ¿pero y si fuese otra vida la que estuviese a mi merced como lo está el café? Aún que la idea de arrebatar una vida por propia supervivencia me produzca náuseas, no soy tan ingenuo como para suponer que por ética pueda sobreponerme al instinto de autoconservación.

Mirando al cenicero me dí cuenta de que el cigarro se había consumido hace tiempo. Fastidiado, bebí un trago que bajo ardiente hasta el estómago.

Fuera, el temporal seguía llamando a mi ventana.