Hay días extraños.
Hay días que aparecen sin ser invitados, se cuelan por tu ventana y te quitan toda la energía, todas las ganas, tan solo te apetece quedarte quieto, dejando que el tiempo pase sin que se de cuenta de tu presencia. Días en las que poco tiene sentido.
Pero cómo aparecieron, se van.
Existen otros días sencillos, sin pretensiones, en el que el tiempo te invita a ir de su mano y todo lo que sucede parece que esté bien que suceda así. No te preguntas por qué o para que. Las cosas simplemente pasan y te sientes a la vez protagonista y espectador, con la emoción de la acción pero la tranquilidad de las cosas sencillas.
Muchas veces nos dicen que el mundo es un lugar complicado, complejo. No nos paramos ante las cosas sencillas, ante el tiempo por el tiempo, a mirar por la ventana sólo por el placer de hacerlo.
Hay días en los que todo vuelve a tener un poco más de sentido.
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