Este fin de semana, tras mucho organizar, buscar y llamar, partimos hacía las Fragas del Eume. Conseguí reunir a diez personas de diferentes sitios dispuestas a caminar, disfrutar y pasarselo bien: Antia, Paula y Asum vinieron desde Pontevedra en el Halcón Milenario (el coche de Antia :P); Fátima, Fredo y Roy desde Santiago; Castro, Mario, Manu y Jano de Coruña.
Salimos a media mañana y tras las debidas presentaciones, cogimos carretera hacia Eume. Tras unas cuantas vueltas y una llamada, conseguimos llegar a la casa rústica que alquilamos. A pesar de que se fué la luz al poco de llegar, quedamos bastante agradados con el lugar y la instalación. Una lluvia intermitente no auguraba nada bueno, pero no fuimos hasta allí para estar sentados, así que tiramos hacía O Pazo para dejar allí los coches y empezar a caminar.
Fuimos descendiendo hacía el Monasterio de Caaveiro por una ruta preciosa mientras el valle se podía ver entre los eucaliptos, que luego fueron dejando lugar a los castaños y al musgo. Justo anes del monasterio, hay un lugar de particular belleza.
Realizamos una visita guiada al monasterio antes de proseguir el camino. Fuimos por un sendero estrecho pegado al rio, rodeado de un bosque frondoso y tupido. Los arboles estaban tomados por el musgo y el verde era el amo y señor. Después de comer y reponer fuerzas, proseguimos por un camino parecido al anterior, pero más agreste. Así llegamos hasta la central hidroelectrica, que marcaba nuestro punto de retorno. Tras una ardua y larga ascensión por la ladera del valle llegamos a los coches.
Después de ducharnos, descansar y darle a la powerball, Mario nos preparó unos deliciosos carbonará para reponer fuerzas. Fredo repuso fuerzas para dos personas el solito :P. Después de cenar y jugar un rato al hombre lobo con las cartas, nos dió por jugar a las tinieblas. Si si, el juego que todos jugamos de pequeños en una habitación a oscuras. Pero eramos 11 personas adultas y una casa en medio del monte. Además, estaba el factor zombi: quien era encontrado también se ponia a buscar. Las risas fueron tremendas.
La mañana siguiente, después de desayunar y limpiar algo la casa nos fuimos con los coches hacia la zona de escalada. Como suponiamos, escalar estaba peligroso por la humedad, pero desde allí se tienen unas vistas privilegiadas del embalse y el valle del Eume. Queda marcada la zona para ir a escalar cuando haga buen tiempo :D
Después de comer allí, bajamos hasta la presa y tras consenso popular bajamos hasta el valle. Hay unas escaleras angostas y empinadas sin barandilla ni nada, donde te juegas el tipo al bajar. Por suerte llegamos todos sanos y salvos. Queda pendiente recorrerse el valle.
Tras la ascensión, tocó recoger y volver a Coruña, despedirse y cerrar así un fin de semana intenso y memorable :)
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